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Desde la antigüedad se tiene noción de que las personas que sufren una enfermedad y se recuperan, adquieren resistencia total o parcial ante la misma enfermedad. Mil años antes de Cristo, los Chinos ya realizaban la variolización para evitar la viruela; administraban a  través de la piel a individuos sanos una mínima cantidad de pus proveniente de una lesión de viruela insuficiente para enfermarse, pero suficiente para  desarrollar defensas.

En Europa entrado el Siglo dieciocho ese método popular en Oriente se incorporó y logró que las muertes por viruela disminuyeran en un noventa por ciento. Luego en el año 1796 en Inglaterra el Dr. Médico y Biólogo, Edward Jenner aplicó la vacuna contra la viruela por primera vez. Observó el Doctor Jenner que las mujeres que ordeñaban las vacas infectadas con varicela o peste, no enfermaban o lo hacían en forma leve al contacto con la viruela.

Tomó entonces pus de una lesión de la vaca y se lo inoculó  a un niño de ocho años. Seis semanas después lo expuso al contagio con viruela. Pero el niño no presentó ningún síntoma. El mismo Jenner acuñó el nombre del latín Vaccinia que significa, precisamente eso, vacuna de la vaca.

Para muchos padres el tema de la vacunación es muy sensible. Las vacunas ayudan a prevenir enfermedades pero la preocupación ha surgido porque los niños sufren un promedio del 2% de las enfermedades que pueden prevenirse, pero se les aplica cerca del 98% de las vacunas, según los progenitores.

Estas opiniones se refieren a que las vacunas no es siempre algo dañino, pero los resultados son impredecibles  a arriesgados. Pero es cuestión definida que el riesgo principal de la vacunas es, no siendo previsible, el que los padres que se oponen a la vacunación de sus hijos,  los colocan en riesgo de contraer, el sarampión,  y ser atacados por la poliomielitis y otras infecciones igualmente graves.

Las enfermedades no desaparecen y ello afecta no solamente al individuo sino a la comunidad.

 

De ahí que la Organización de la Salud al defender la inmunización como medida preventiva  de enfermedades, discapacidad y defunciones, realiza tesoneros esfuerzos por aumentar en el mundo la cobertura vacunal que, afortunadamente va en aumento cada año.

Se calcula que la inmunización previene unos 2 a 3 millones de muertes anuales, pero si se mejorará y ampliará esta cobertura se podrían evitar de uno a cinco millones. Por ello es preocupante que 19.4 millones de lactantes de todo el mundo aún no reciben las vacunas básicas.

En el año 2015 el 86% de los lactantes en el todo el mundo recibieron las tres dosis de la vacuna anti poliomielítica. Se ha ido erradicando en todos los países con la excepción de Afganistán y el Pakistán. Algunos países ya libres se han infectado por virus importados y todos los países especialmente los que padecen conflictos e inestabilidad, siguen en situaciones de riesgo.

El Plan de Acción Mundial sobre vacunas debería acelerar el control de todas las enfermedades  prevenibles mediante la vacunación y se ha fijado como meta la erradicación de la poliomielitis y, de la misma manera impulsa la investigación y el desarrollo de la próxima generación de vacunas.

Y es importante y de utilidad que se haga del conocimiento colectivo, que en el momento álgido de la epidemia de Ébola, gracias a la labor conjunta de los mayores expertos en vacunología, se pusieron rápidamente en marcha ensayos clínicos con una serie de vacunas experimentales contra esta enfermedad. Asimismo avanzan desde hace tiempo perseverantes esfuerzos en la obtención de vacunas contra el dengue, zika y paludismo. Cada año se infectan trescientos noventa millones de personas.

inmunizacion a la comunidad

Muchas enfermedades, tales como el paludismo y difteria e inclusive tuberculosis están regresando por fallas en los sistemas de salud de países subdesarrollados que experimentan índices de extrema pobreza. La Nueva Agencia para el Desarrollo Sostenible insta a los gobiernos  a financiar la investigación y el desarrollo de nuevas vacunas para que el dengue, el Ébola, el paludismo la infección por el virus del Zika se conviertan en problemas que se sufrieron en el pasado.

Hay que insistir en que las vacunas son muy seguras.

La mayoría de las reacciones vacunales son generalmente leves y temporales, por ejemplo un brazo  dolorido o febrícula. Los trastornos de salud grave, que son extremadamente raros son objeto de seguimiento e investigación. Pero es más probable padecer un trastorno grave por enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna.

 


FUENTES:

OMS,  Universidad De Barcelona, Medicina Alemana, Senesco De Ciencia, www.Vacunas.org, Medicenter.

Fotos por Freepik

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